Climbing with Dr. Sputnik

Aquí se hablará de la vida, de lo humano y lo divino, de lo natural y lo metafísico, pero por encima de todo, con HUMOR.

29 mar. 2015

La Vuelta a Ítaca

Este verano pasado Rodri y Naranja buscando su particular Ítaca se fueron en bici desde Castillo de Bayuela hasta Bolonia, Cádiz, con un par de huevos.  Emulando a Ulises y a Eumeo enfilaron hacia el sur y ahí se quedaron hasta que quisieron, vieron al Cíclope, al Minotauro y oyeron cantos de sirenas. Pues esta semana santa decidían volver a su Ítaca y esta vez acompañados de toda la Grecia Clásica con Cabe y familia, Lega, Nuria y Ángela. Yo que andaba con mis líos por la zona de Cádiz tengo por norma perderme las menos posibles, así que me acercaba a escalar con ellos en la bonita zona de Bolonia


La famosa Duna de Bolonia y la peculiar meteorología del Estrecho de Gibraltar. Una vez todos reunidos nos dirigíamos al sector clásico El Helechal donde está el característico arco de roca.


¿Por donde estaban los bloques? Por ahí.


Lega calentando en el característico arco de roca con el cual la luz jugaba a su antojo.


Rodri, que no entiende de calentamientos se apretaba uno durete de romos para ir haciendo boca y eso que la s condiciones eran de bochorno, donde tras cada pegue tenías que parar y así dejar de sudar. 


Naranja también tenía ganas de guerra y se ponía a apretar esos romos tan ricos al sol. De ahí, nos veíamos obligados a movernos hacia abajo buscando algo más de sombra porque la brisa ayer brillaba por su ausencia. 


Cabe en este muro plaquero que hicimos también que nos gustó bastante y luego nos metíamos en un blocazo que hay a su derecha. 


Rodri tuvo la oportunidad de hacerse con este muy buen bloque en unas condiciones meteorológicas que harían vomitar a cualquier Bleausard mientras martín le porteaba atentamente. El porteo talaverano se hereda genéticamente, de padres a hijos, generación tras generación.


Dejamos que anocheciera tranquilamente, mientras la luna se asomaba por una ventana de esta maravillosa arenisca, ya pensábamos en la que nos venía. Una cena opípara y un buen rato tras ella donde afloraron risas, historias y batallitas. Luego aun me quedaban 100 km hasta Cádiz de vuelta. Ahí se han quedado Ulises y los suyos, Ítaca es una realidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

buen post!